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lunes, 16 de marzo de 2015

Karl Barth - La proclamación del evangelio




Aquí se trata ante , de algunas y sugerencias de órden práctico, que me parecen todavía hoy, esenciales y dignas de ser meditadas, o al menos, de ser leídas con alguna atención y de ser discutidas.
Karl Barth


Este estudio es el desarrollo de las dos definiciones siguientes:

1. La predicación es la Palabra de Dios pronunciada por él mismo. Dios utiliza como le parece el servicio de un hombre que habla en su nombre a sus contemporáneos, por medio de un texto bíblico. Este hombre obedece así a la vocación que ha recibido en la Iglesia y, por su ministerio, la Iglesia realiza la misión que le corresponde.

2. La predicación es fruto de la orden dada a la Iglesia de servir a la Palabra de Dios, por medio de un hombre llamado a esta tarea. Para este hombre se trata de anunciar a sus contemporáneos lo que deben oír de Dios mismo, explicando, en un discurso en el que el predicador se expresa libremente, un texto bíblico que les concierne personalmente.
¿Por qué estas dos proposiciones? Porque el hecho de la predicación presenta un doble aspecto: Palabra de Dios y palabra humana.

Si queremos definir teológicamente lo que ocurre cuando un hombre predica, no podemos hacer otra cosa que ofrecer indicaciones, poner puntos de referencia. Por encima de la reflexión humana, nos vemos remitidos a Dios que dice la primera y la última palabra. Dios no puede ser encerrado en ningún concepto: vive y actúa con su soberana autoridad.

El teólogo debe recorrer un doble camino: el del pensamiento ascendente y el del pensamiento descendente. Con ello, sólo cumple su misión de anunciar la Palabra de Dios de una manera fragmentaria e imperfecta. Pero si realiza correctamente esta tarea, está seguro de hacer lo que tiene que hacer, lo que debe hacer.

Su discurso es libre, personal. No es ni una lectura, ni una exégesis. Dice la Palabra que ha oído en el texto de la Escritura, tal como él mismo la ha recibido. Su misión, como predicador, es parecida, en algún sentido, a la de los apóstoles. También él tiene, en otro plano, una función profética. .

La tentativa de servir á la Palabra de Dios, de anunciarla, está encomendada a la Iglesia. El término que viene bien aquí para explicar la situación es Ankündigung (anuncio de un acontecimiento por venir) más que Verkündigung (anuncio de lo que ya es). Dios va haciéndose oír; es él el que habla, no el hombre. Este último sólo anuncia (ankündigen) que Dios va a decir alguna cosa. En esta palabra Ankündigung no está incluida la idea de un llamamiento a una decisión por parte del que escucha. Esta decisión, que únicamente tiene lugar entre el hombre y Dios, no es elemento constitutivo de la predicación.

Esto no excluye del todo la posibilidad de que la predicación sea un llamamiento. De hecho, para decir exactamente las cosas, es un llamamiento dirigido a la Iglesia de los creyentes. Pero la decisión depende de la gracia divina, o mejor de ese misterio que es la relación cara a cara del hombre y Dios. El predicador debe saber que esta decisión no depende de él.

Añadamos que el concepto de predicación no encontraría fundamento alguno en la experiencia Es un concepto teológico que se basa en la fe soIa. Lo hemos dicho, la predicación no tiene más que un sentido: indicar la verdad divina. No puede ir más allá de su carácter mismo de concepto para adquirir una forma tangible.

Creditos: xito14
Formato: PDF


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