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jueves, 8 de enero de 2015

Crsito y la Cultura - H. Richard Niebuhr




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Descripción

En su libro Cristo y la cultura, Niebuhr señala que en nuestro tiempo, se está llevando a cabo un debate entre el cristianismo y la civilización. En el que participan historiadores y teólogos, estadistas y eclesiásticos, católicos y protestantes, cristianos y anticristianos. Y así, se oyen tantas voces, seguras de sí mismas pero diversas sobre la respuesta cristiana al problema social. Dicho problema, menciona el autor, no ha proporcionado ni una sola respuesta cristiana, sino únicamente una serie de respuestas típicas que, juntas, representan, para la fe, fases de la estrategia militante en el mundo.

Así, pues, el objeto de los siguientes capítulos es exponer respuestas cristianas típicas al problema de Cristo y la cultura, para contribuir así, a la comprensión mutua entre grupos cristianos diferentes y en lucha.

Niebuhr expone en un primer momento el argumento del Rabbi Klausner quien explicita que el problema surgió evidentemente en los días de la humanidad de Jesucristo, ya que se lanzó contra la cultura judía en duro desafío. Por ejemplo, “en vez de manifestar interés por el trabajo y por los logros económicos y polifacéticos, recomendó la vida sin afán, sin trabajo, ejemplificada por los pájaros y los lirios”.[1] Asimismo, sustituyó la justicia civil por el precepto de la no resistencia. Por ello, según Klausner, su pueblo lo rechazó; y dos mil años de cristianismo no judío han demostrado que el pueblo judío no se equivocó.

Otro argumento común contra Cristo por antagonistas de diversas épocas es la acusación de que el cristianismo induce a los hombres a confiar en la gracia de Dios en vez de llamarlos al progreso humano. Por ejemplo, los marxistas, que creen que los hombres hacen la historia, consideran la confianza en la gracia de Dios como un soporífero[2] tan potente como la esperanza de los cielos.

Un tercer argumento, contra Cristo y la Iglesia es que son intolerantes. Por ejemplo, cuando se dice la religión no debe inmiscuirse en la política y en los negocios, estas frases significan que “no sólo las pretensiones de los grupos religiosos, sino también todas las de Cristo y de Dios deben ser desterradas de las esferas donde otros dioses, llamados valores, ostentan su reinado”.[3] Con estos argumentos, podemos darnos cuenta de la problemática que envuelve Cristo y la cultura. De ahí que, convenga establecer lo que entendemos por estos dos términos: Cristo y la cultura.

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